El ejercicio físico practicado regularmente junto con una dieta y estilo de vida adecuados contribuye a mantener nuestros huesos en óptimas condiciones
En un alto porcentaje, las mujeres postmenopáusicas sufren
desmineralización, lo que se correlaciona con pérdidas de masa muscular
características del individuo adulto sedentario.
Se ha demostrado que el ejercicio físico produce una menor
tendencia al cambio, es decir, contribuye a preservar e incluso
incrementar la masa muscular y ósea del individuo.
Otras factores que influyen en una mayor riesgo de desmineralización
son el hábito tabáquico, el empleo de ciertos medicamentos y llevar a
cabo una dieta desequilibrada: rica en proteínas, fósforo y otros
nutrientes, deficitarias en calcio o vitamina D, etc.
¿Qué es la osteoporosis?
La osteoporosis se caracteriza por una reducción de la masa ósea
responsable de un aumento de la fragilidad ósea, y en consecuencia de
fracturas espontáneas.
El crecimiento de la masa ósea se produce hasta la tercera
década y permanece más o menos constante hasta los 50 años de edad,
posteriormente comienza a declinar, tanto en mujeres como en varones.
Existen numerosos estudios que demuestran que la ingesta de
calcio junto a la actividad física efectuada en los 30 primeros años de
vida permite a las personas terminar a esa edad con una densidad de
masa ósea mayor.
¿Que tipo de ejercicio es el más adecuado?
Las actividades de sobrecarga, incluso el caminar, tienen mayor efecto
positivo sobre los huesos que aquellos ejercicios en los que el
individuo no soporta el propio peso, tales como natación o ciclismo.
Por otro lado, conviene tener en cuenta que el ejercicio de
sobrecarga estimula la masa ósea de forma localizada, por lo que se
aconseja trabajar todas las partes del cuerpo (se puede observar que el
brazo activo de un tenista posee hasta un 20% más de hueso que el
inactivo).
Recomendaciones dietéticas
· Llevar a cabo las recomendaciones de dieta equilibrada para evitar
que se produzcan déficits nutricionales, especialmente durante los
primeros años de vida, períodos de crecimiento acelerado (adolescencia)
y situaciones fisiológicas que por las características que implican,
necesitan un especial cuidado en el aporte de calcio y otros nutrientes
(embarazo, lactancia y menopausia).
· Tomar como mínimo 2 raciones de lácteos al día. Si se
sobrepasa esta cantidad, o dependiendo de las características
personales, se deberán tomar lácteos bajos en grasa que aportan similar
cantidad de calcio. En este sentido, conociendo la cantidad de calcio
que aportan diversos productos lácteos podemos sustituir unos por otros
respetando la cantidad. Así, se varía al máximo la alimentación sin
modificar apenas el valor nutritivo de la misma. P. ej. 1 ración de
lácteos= 1 vaso de leche = 2 yogures = 2 petit suisse = 4 quesitos = 40
g queso de queso magro... (tener en cuenta que son intercambios de
alimentos en cuanto a su contenido de calcio, no de calorías, grasa u
otros nutrientes).
· Incluir alimentos que sean buena fuente de vitamina D para
favorecer la fijación del calcio a los huesos. Esa vitamina es soluble
en grasa y por tanto se encuentra en la grasa de ciertos alimentos:
lácteo enteros y grasas lácteas, yema de huevo e hígado de pescados.
Por otro lado, mediante la exposición al sol con protección, nuestro
organismo también es capaz de sintetizar vitamina D bajo la piel a
partir del colesterol.
En resumen...
· Los efectos del ejercicio son localizados, se deben trabajar todos
los grupos musculares y en función de las capacidades individuales.
· El ejercicio debe exceder en sobrecarga a las actividades que se realizan en la vida cotidiana.
· El efecto positivo del ejercicio se pierde cuando este deja de practicarse de modo regular.
· Personas con pérdida de densidad de masa ósea, sin llegar a sufrir de
osteoporosis, experimentan grandes mejorías con el ejercicio en la
densidad de su masa ósea.
· Dieta y ejercicio son factores determinantes de la masa ósea
al final del proceso de maduración y en su mantenimiento durante la
vida adulta.