Alargar la vida de los alimentos, cada vez más fácil y seguro
Las posibilidades para realizar la compra y llenar nuestra despensa o
frigorífico se han ampliado, ya que el deterioro de los productos es un
proceso cada vez más controlado
Pescado fresco o ultracongelado, leche fresca del día o condensada,
atún en aceite... Gracias a los sistemas de conservación de alimentos
empleados hoy día, El interés sobre el mejor modo de conservar los
alimentos para disponer de ellos en épocas de carestía o cuando éstos
no se podían producir se remonta muy atrás en el tiempo. Fruto de esa
búsqueda han surgido el secado al sol y al aire, la salazón, el
escabeche, las fresqueras... La mayoría de los alimentos que consumimos
han sido manipulados o transformados antes de llegar a nuestra mesa, ya
que, en general, la vida útil de los productos frescos es muy limitada
si no se les aplica un sistema adecuado de conservación.
Numerosos factores intervienen en la pérdida de la calidad original de
un alimento o en su deterioro: la exposición a la luz solar (influye en
la pérdida de vitaminas y en el enranciamiento de las grasas), el
contacto con el oxígeno del aire (provoca las mismas pérdidas y
alteraciones la exposición solar), la temperatura (puede destruir,
inactivar o hacer que se reproduzcan rápidamente los gérmenes), el
grado de humedad (favorece o impide el desarrollo bacteriano y el
enmohecimiento) y de acidez (permite minimizar la pérdida de ciertas
vitaminas).
Conservación mediante calor
El calor
destruye la mayoría de gérmenes o de sus formas de resistencia
(esporas), aunque la temperatura a aplicar varía según se trate de
bacterias, virus, levaduras o mohos.
- Ebullición (100ºC):
los gérmenes se destruyen si se mantiene la cocción más de cinco
minutos, pero no se eliminan las esporas. Hay pérdidas nutritivas,
especialmente de vitamina C (sensible al calor), y en menor proporción
de vitamina B1 o tiamina.
Escaldado en agua hirviendo:
se emplea como paso previo para congelar algunos vegetales y mejorar su
conservación. Una vez limpias, las verduras se sumergen unos minutos en
agua hirviendo, lo que inactiva las enzimas (sustancias presentes de
forma natural en los vegetales y responsables de su deterioro). Después
de enfriarlas se envasan en bolsas especiales para congelados, se
envasan al vacío y se les anota la fecha de entrada en el congelador
para controlar su tiempo de conservación. No se producen pérdidas
nutritivas.
- Pasteurización (temperaturas
que rondan los 80ºC): la aplicación de calor durante un tiempo (que
varía de un alimento a otro) inactiva los gérmenes capaces de provocar
enfermedad, pero no sus esporas. Por ello, el alimento deber ser
refrigerado para evitar el crecimiento de los gérmenes que no se han
podido eliminar. Así, la leche pasteurizada o fresca del día ha de
conservarse en el frigorífico y, una vez abierto el envase, debe
consumirse en un plazo máximo de 3-4 días. No hay pérdidas importantes
de nutrientes.
- Esterilización (temperatura
superior a los 100ºC): libera los alimentos de gérmenes y esporas. Se
aplica en el producto una temperatura que ronda los 115 grados. Se
pierden vitaminas hidrosolubles (grupo B y vitamina C) en mayor o menor
cantidad, según la duración del tratamiento de calor. Puede originar
cambios en el sabor y el color original del alimento (la leche
esterilizada es ligeramente amarillenta y con cierto sabor a tostado).
- Uperización o U.H.T.
(temperatura alrededor de los 140ºC): el sistema de esterilización más
moderno. Se aplican 140 grados o más, generalmente por medio de vapor,
durante muy pocos segundos. El alimento queda totalmente esterilizado y
la pérdida nutritiva es inferior que en la esterilización tradicional.
No hay cambios de sabor o color.
Los productos
esterilizados y uperizados no precisan ser conservados en frío una vez
envasados. Sin embargo, abierto el envase, los alimentos deben
conservarse a temperaturas de refrigeración (0-5ºC) por un tiempo
limitado que dependerá del producto.
Conservación mediante frío
Aumenta la vida útil de los alimentos y detiene o reduce la velocidad
de crecimiento de gérmenes; sin embargo, no los mata, sólo los duerme.
- Refrigeración: los alimentos se mantienen entre 0 y 8 grados, según la zona del refrigerador.
- Congelación:
se aplican temperaturas inferiores a 0 grados y parte del agua del
alimento se convierte en hielo. Cuando el producto se descongela, los
gérmenes pueden volver a reproducirse, por ello conviene una
manipulación higiénica y un consumo rápido del alimento. Es importante
efectuar la congelación en el menor tiempo y a la temperatura más baja
posible, para que la calidad del producto no se vea afectada. La
temperatura óptima de conservación de los productos congelados en casa
es de -18 grados o inferiores.
- Ultracongelación:
se desciende rápidamente la temperatura del alimento mediante aire
frío, contacto con placas frías, inmersión en líquidos a muy baja
temperatura, etc. La congelación y ultracongelación son los métodos de
conservación que menos alteraciones provocan en el producto.
- Liofilización:
se elimina el agua de un alimento congelado aplicando sistemas de
vacío. El hielo, al vacío y a temperatura inferior a -30 grados, pasa
del estado sólido al gaseoso sin pasar por el estado líquido. Es la
técnica que menos afecta al valor nutricional del alimento. El
inconveniente es su elevado coste, por lo que generalmente se aplica
sólo en el café o descafeinado solubles (granulados) y en productos
como leches infantiles.
Conservación de alimentos en la nevera (0 - 8 ºC):
- Pescado fresco (limpio) y carne picada: 2 días
- Carne y pescado cocidos: 2-3 días
- Leche ya abierta, postres caseros, verdura cocida: 3-4 días
- Carne cruda bien conservada: 3 días
- Verdura cruda y conservas abiertas (cambiar a otro recipiente): 4-5 días
- Huevos: 2-3 semanas
- Productos lácteos y otros con fecha de caducidad: la que se indica en el envase
Conservación en el congelador (-18 ºC):
- Carnes de vacuno: hasta 12 meses
- Hortalizas: hasta 12 meses
- Pollos, caza: hasta 10 meses
- Cordero: hasta 8 meses
- Cerdo: hasta 6 meses
- Carne picada: hasta 2 meses
- Tartas, pasteles horneados: hasta 6 meses
- Despojos, callos: hasta 3 meses
- Pescados magros: hasta 6 meses
- Pan y bollos: hasta 3 meses
- Pescados grasos: hasta 3 meses o más (depende del pescado)
- Mariscos: hasta 3 meses
Métodos tradicionales de conservación
La salazón (en seco o salmuera), el ahumado (en frío o caliente), la
desecación o la deshidratación disminuyen el contenido de agua de los
alimentos. Así, las frutas, legumbres y pastas alimenticias secas, y
los embutidos o el bacalao en salazón duran mucho más que el mismo
alimento en estado fresco. Esto se debe a que la cantidad de agua del
alimento se reduce hasta tal punto que los gérmenes quedan inactivos o
mueren.
También impiden el desarrollo de gérmenes la adición de
sal y el humo (los componentes del ahumado poseen un efecto
bactericida). La fermentación es igualmente un método tradicional que
favorece la conservación de alimentos: los quesos curados se conservan
más tiempo que los frescos, cuya vida útil es mucho más limitada debido
a su mayor contenido de agua (4-5 días en la nevera desde la fecha de
elaboración). Asimismo, el azúcar también se emplea, incluso hoy, como
antiséptico en conservas en almíbar, leche condensada y mermeladas.