La diabetes es una enfermedad crónica que afecta aproximadamente al 5% de la población de nuestro país
La diabetes mellitus es una enfermedad crónica en la que se produce
una alteración en el aprovechamiento de los azúcares debido a una
carencia parcial o total de la hormona insulina o a que esta no cumple
su función.
La insulina hace posible que los azúcares entren en las
células para poder ser utilizados como fuente de energía. Si ésta es
escasa o funciona mal, los azúcares se acumulan en la sangre,
produciendo lo que se denomina hiperglucemia (niveles por encima de lo
normal de azúcar -glucosa- en la sangre).
Se calcula que en España entre el 3 y el 5% de la
población es diabética, de los cuales la mayor parte (85%) sufren la
llamada diabetes tipo II o del adulto (no dependiente de insulina), y en menor proporción (15%), la diabetes tipo I o infantil
(precisa de administración de insulina). No obstante, existen otros
tipos de diabetes: tipo mody (de inicio en la edad infantil pero con
características típicas de diabetes de adulto), diabetes pregestacional y gestacional
(de incidencia durante el embarazo), diabetes III (comienza en el
adulto como la diabetes tipo I y evoluciona como la diabetes tipo II),
diabetes secundarias a alteraciones orgánicas o a enfermedad de
páncreas, tiroides, glándulas suprarrenales
, e intolerancia
hidrocarbonada. En este último caso, las hiperglucemias son menos
severas que en el resto. En relación con los tipos de diabetes más
comunes, las causas son múltiples y varían según nos refiramos a la
tipo I o a la II:
- En la diabetes tipo II, están implicados factores genéticos (herencia), la obesidad
(80% de los diabéticos tipo II sufren sobrepeso u obesidad), las dietas
desequilibradas (muy energéticas y ricas en azúcares sencillos), el
sedentarismo y el envejecimiento de la población.
- En la diabetes tipo I, influyen una cierta predisposición
individual, así como alteraciones del sistema inmune (de denfensas del
organismo) e infecciones víricas que pueden desencadenar reacciones de
autoinmunidad con destrucción de las células pancreáticas que secretan
la insulina. Es por esta razón que quienes la sufren necesitan ya de
entrada inyectarse insulina.
Síntomas más frecuentes:
En cuanto a la manifestación de sus síntomas, depende del tipo de diabetes que se trate:
* Diabetes tipo I. Los síntomas más comunes son aquellos que derivan de
un exceso de glucosa en sangre (hiperglucemia). En su inicio (conocido
en clínica como debut diabético), las manifestaciones típicas son las
que se describen a continuación. Cuando la glucosa en sangre supera
unos limites determinados, el riñón no puede impedir que ésta se
elimine por la orina (glucosuria).
Además, para eliminar tal carga de azúcares por el riñón, es necesario
diluirlos en la propia orina; el azúcar arrastra gran cantidad de agua
y la persona diabética orina mucho (poliuria). Al perder tanta agua, el organismo se deshidrata y el diabético tiene mucha sed y bebe mucho(polidipsia).
Por otro lado, como está aprovechando mal su principal fuente de
energía (azúcares), se estimula mucho más su apetito y come en exceso (polifagia),
aunque esto no soluciona el problema, por lo que pierde peso y se
siente cansado. Una vez se inicia el tratamiento médico y dietético,
remiten todos los síntomas.
* Diabetes tipo II. No se presentan los síntomas descritos en
el párrafo anterior, y es por esta razón que se intuye que más de la
mitad de las personas que la sufren no están diagnosticadas. En ellas,
los síntomas son más inespecíficos y no tan claros, ya que el origen de
la diabetes no es que no exista insulina sino que esta es insuficiente
o que se aprovecha mal.
La dieta, fundamental en el tratamiento de la diabetes.
En cuanto al papel de la alimentación en esta patología crónica, se sabe que una dieta equilibrada (la conocida dieta mediterránea),
es un aspecto muy importante a tener en cuenta respecto a su
prevención. Pero además, en la persona ya diabética, la dieta es uno de
los pilares fundamentales del tratamiento, ya que colabora en la
regulación de los niveles de azúcar en la sangre y previene posibles
complicaciones a corto plazo (hiperglucemias e hipoglucemias) y largo
plazo (enfermedades cardiovasculares: hipertensión, hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia,
etc.). En ocasiones, la dieta se combina junto con la administración de
insulina (tipo I) o junto con la toma de ciertos medicamentos llamados
antidiabéticos orales (A.O.), aunque estos no son necesarios en todos
los casos (tipo II). Así mismo, se recomienda la práctica regular de
ejercicio (aumenta el llamado buen colesterol en sangre, mejora la
circulación periférica y el aprovechamiento de los azúcares por parte
del musculo, permite reducir las dosis de insulina o A.O
lo que no
sólo es beneficioso para las personas que tienen diabetes, si no para
toda la población en general.
Tratamiento dietético.
La dieta no
puede curar la diabetes pero sí controlarla mejor y por ello, el
tramiento dietético deberá llevarse a cabo durante toda la vida. La
dieta debe ser individualizada; en función de las características de
cada persona, su estilo de vida, tratamiento específico (insulina o
A.O.), etc. En general, los puntos más importantes a tener en cuenta
son los siguientes:
- Dieta individualizada, variada y equilibrada.
- Fraccionada en 5-6 tomas al día (menor volumen de alimento por toma, mejor control de los niveles de glucosa en sangre).
- En concordancia con el tratamiento con insulina o con la toma de
antidiabéticos orales y con la práctica de ejercicio físico.
- Rica en fibra (verduras, legumbres, frutos secos, cereales integrales y fruta en las cantidades adecuadas a cada caso).
- Reducida en grasas saturadas
y colesterol (moderar el consumo de lácteos completos y los muy grasos,
carnes grasas, huevos y sus derivados, charcutería, vísceras..), como
prevención a largo plazo de enfermedades cardiovasculares.
- Controlada en alimentos que contienen hidratos de carbono
simples (azúcar, miel, mermelada, zumo y fruta, bebidas azucaradas,
golosinas, chocolate y derivados
y complejos (cereales, patatas,
legumbres).
Se recomienda sustituir el azúcar o la miel
por edulcorantes no nutritivos tales como la sacarina, el ciclamato, el
aspartame y el sorbitol, ya que además de que no aumentan los niveles
de azúcar en la sagre, no aportan calorías, lo que es beneficioso para
quienes tienen sobrepeso u obesidad.