Las
frutas secas no sólo prolongan el sabor del verano sino que nos
proporcionan un dulzor diferente. La desecación o deshidratación a la
que son sometidas algunas frutas frescas es una operación destinada a
reducir al máximo el contenido de agua en la constitución de la fruta,
con el fin de paralizar la acción de los gérmenes que necesitan humedad
para vivir. Para lograr este propósito, se recurre al calor natural
(exposición al sol) o bien al artificial (combustión de leña o de
carbón, gas o electricidad).
Los distintos tipos de desecación son:
Desecación natural al sol. Las
frutas se dejan secar al aire libre, por lo que este proceso sólo se
puede llevar a cabo en las regiones muy favorecidas por el clima. Este
procedimiento da excelentes resultados y conserva todo el sabor y las
cualidades de la fruta.
Desecación por calor artificial. Tanto
el horno como el microondas garantizan buenos resultados, porque
permite regular la evaporación de manera progresiva. Se comienza a una
temperatura baja, de 45 a 50 grados, que se va elevando progresivamente
hasta 65 ó 70, según la clase de fruta tratada. Con el secado artificial
la operación se termina en 8 ó 10 horas; en el microondas, según la
fruta, de 30 minutos a 1 hora, mientras que al aire libre hay que contar
con 6 u 8 días o más.
ORIGEN Y VARIEDADES
Las frutas
secas como los orejones de albaricoque, de melocotón, las ciruelas, las
uvas pasas y los higos desecados, formaban parte, ya en la Edad Media,
de la cocina tradicional de numerosos países. En la Europa de aquella
época se degustaban tartas de ternera con ciruelas y dátiles, el pescado
encurtido se acompañaba con pasas e higos y los patos con frutas. Las
grandes empanadas contenían una mezcla de buey, pollo, huevos, dátiles,
ciruelas y pasas, generosamente especiados y realzados con azafrán. En
Turquía, Irán, Arabia Saudí, Yemen y los países del norte de África
sigue siendo tradicional el cordero con ciruelas, albaricoques,
almendras, miel y especias, y el pollo todavía se guisa con ciruelas,
membrillos, dátiles o pasas.
más
apreciadas se obtienen de las variedades sin semillas, de acidez baja y
ricas en azúcares. En la actualidad se producen pasas similares en
distintas zonas del mundo, sobre todo en California. Las pequeñas pasas
de Corinto proceden de unas uvas negras sin semillas, nativas de los
alrededores de la ciudad homónima en Grecia. Se identifican por su color
oscuro, su pronunciado aroma, carecen de pepitas y son mucho más
pequeñas que el resto. Las pasas sultanas más reconocidas se obtienen de
las uvas blancas sin semillas que crecen en los alrededores de la
ciudad de Esmirna, en Turquía. Son uvas pasas de color claro, sin
semillas y extraordinariamente dulces, por lo que son las más empleadas
en repostería y pastelería. Aunque ambas variedades se producen hoy día
en muchos otros lugares, todavía prevalecen con sus antiguas
denominaciones. En España, las uvas de Málaga poseen Denominación de
Origen, son de gran calidad, proceden de la uva Moscatel y son grandes,
dulces y con pepitas.
CÓMO ELEGIRLOS Y CONSERVARLOS
A la
hora de adquirir las frutas desecadas se ha de prestar atención a que su
aspecto y su color sean uniformes y no presenten demasiadas arrugas.
Algunas frutas desecadas, como la ciruela y las uvas, se pueden adquirir
enteras, deshuesadas o sin pepitas, por lo que antes de comprarlas
interesa conocer el uso que se les va a dar para realizar la elección
correcta.
Para
lograr una perfecta conservación y evitar que se desequen en exceso, hay
que guardar las frutas desecadas en frascos de cristal bien cerrados y
en un lugar fresco, seco y protegido de la luz y de los insectos. Así se
mantienen durante meses. No deben conservarse en bolsas de plástico, ya
que acabarían enmoheciéndose.
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PROPIEDADES NUTRITIVAS
Durante la
desecación de la fruta fresca, su contenido en agua se reduce, lo que da
lugar a la concentración de los nutrientes. El valor calórico de las
frutas desecadas es elevado (desde las 163 calorías cada 100 gramos de
las ciruelas secas a las 264 calorías de las uvas pasas) por su
abundancia en hidratos de carbono simples.
Son fuente
excelente de potasio, calcio, hierro y de provitamina A (beta-caroteno) y
niacina o B3. La vitamina C, en mayor cantidad en la fruta fresca se
pierde durante el desecado. Constituyen una fuente por excelencia de
fibra soluble e insoluble, lo que le confiere propiedades saludables
para mejorar el tránsito intestinal. El aprovechamiento del calcio de
estos alimentos es peor que el que procede de los lácteos u otros
alimentos que son buena fuente de dicho mineral.
El potasio
es necesario para la transmisión y generación del impulso nervioso, para
la actividad muscular normal e interviene en el equilibrio de agua
dentro y fuera de la célula. El beta-caroteno se transforma en vitamina A
en nuestro organismo conforme éste lo necesita. Dicha vitamina es
esencial para la visión, el buen estado de la piel, el cabello, las
mucosas, los huesos y para el buen funcionamiento del sistema
inmunológico, además de tener propiedades antioxidantes. El magnesio se
relaciona con el funcionamiento de intestino, nervios y músculos, forma
parte de huesos y dientes, mejora la inmunidad y posee un suave efecto
laxante. La vitamina B3 o niacina interviene en distintas fases del
metabolismo y aprovechamiento de los hidratos de carbono, ácidos grasos y
aminoácidos entre otras sustancias.