Domingo, 09 de octubre de 2011

Dentro de lo comestible y placentero, hay algo que es sencillo de hacer y que le suele gustar a todo el mundo: los huevos fritos

Madrid (EFE). Freír, dice el Diccionario de la Real Academia Española, consiste en “hacer que un alimento crudo esté en disposición de poderse comer, teniéndolo el tiempo necesario en aceite o grasa hirviendo”.

Aceite o grasa hirviendo… Bueno, desde un país olivarero como España, decir aceite es decir “de oliva” y, de preferencia, “virgen”. Por supuesto, pueden ustedes freír huevos en otros aceites: soya, girasol, maíz… pero usen aceite, no grasas animales.

Fría los huevos usted mismo. Anímese: no es tan fácil como se da a entender, pero tampoco requiere un máster en cocina adriática ni un doctorado en frituras.

Saque de la heladera los huevos que vaya a usar, y páselos por agua. Elija una sartén, mejor honda y de poco diámetro. Llévela al fuego y póngale el aceite elegido. Sin miedo, sin tacañería: sea generoso. Cuando el aceite esté bien caliente, dispóngase a proceder.

Casque un huevo contra el borde de un plato, nunca contra el de la sartén. Déjelo caer en el aceite desde lo más cerca que pueda. No haga nada más: solo mire y espere. Hay gente que rocía con aceite la yema: si la quiere prácticamente líquida, para mojar, ni se le ocurra hacerlo.

Espere a que en los bordes de la clara vayan apreciando -por debajo- un tono ligeramente tostado, mientras que esos mismos bordes se forma lo que llamamos “puntilla”. En ese momento, requiera una espumadera, y retire con ella el huevo, dejando escurrir el aceite. Luego, otro huevo. Mejor uno cada vez, aunque la tentación de hacerlos por pares es casi invencible.

Y ahí tiene usted un huevo frito como es debido. A partir de ahí, arroz blanco, tomate, papas fritas, chorizo, tocino … lo que a usted más le apetezca en cada momento. Imprescindible, eso sí, un buen pan. Para mojar. Porque no hay salsa en el mundo como la yema de huevo. 


Publicado por jacintoluque @ 6:43
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