Domingo, 23 de octubre de 2011

El secreto trata sobre la feromona ‘copulina’, que es secretada por la mujer durante la ovulación.

Las feromonas son sustancias químicas que el cuerpo despide para atraer sexualmente a miembros de su especie. No hay que confundirlas con el olor “normal” (que afecta al sistema nervioso, sistema límbico y amígdalas), porque las feromonas actúan sobre el bulbo olfatorio secundario, el órgano vomeronasal, la amígdala y el hipotálamo.

Según detalló adn.es, la reina de las feromonas es, sin duda, la “copulina”, una feromona secretada por las mujeres durante la ovulación que, al parecer, vuelve locos a los hombres, disparando sus niveles de testosterona.

El poder de los besos

El flujo de copulina y de otras feromonas se produce, sobre todo, durante el ritual olfativo fundamental para ambos sexos: los besos. En este acto tan cotidiano, se intercambia gran cantidad de información genética: desde ese momento, nuestro instinto y el de la persona que hemos besado saben el grado de compatibilidad que existe, es decir, si los sistemas inmunológicos son compatibles para engendrar hijos sanos y longevos. Esto explicaría frases como: “No sé que me pasó, ya sé que no es mi tipo pero me puso a cien y no pude evitar irme con él”.

La sensualidad de los juegos nasales

El olfateo como forma de intercambio de información se remonta a la Edad Media, en la que no existía el beso “boca a boca” pero sí el beso “de nariz”, que consistía en juntar la nariz y la boca con la mejilla de la persona amada para inspirar profundamente su aroma. La tradición del beso nasal se conserva en ciertos pueblos chinos y neozelandeses. Los amantes indios y malayos, por su parte, se abrazan inspirándose profundamente unos a otros, y en Mongolia el saludo esencial al encontrarse y despedirse no es el beso, sino olerse. Más lejos aún llegan ciertas tribus guineanas y australianas, que consideran oler el sudor ajeno, recogiéndolo de la axila y frotándoselo por el pecho, como un rito de amistad.

Un estudio realizado en la Universidad de Berna (Suiza), donde se pidió a las estudiantes mujeres que “olieran” camisetas sudadas por hombres y las clasificaran por lo placentero de sus olores. El resultado fue que las mujeres encontraron más excitante el olor de hombres con un código de feromonas distinto al suyo… menos las que tomaban la píldora, que preferían el olor de feromonas del mismo tipo que el suyo.

En este sentido, es interesante la reciente tesis elaborada por la doctora Ingelore Ebberfeld, de la Universidad de Bremen (Alemania), en la que casi el 50% de los entrevistados reconocieron sentirse excitados por el olor de sus parejas, aunque sólo una minoría de fetichistas (8% masculinos y 5% femeninos) reconocieron oler las prendas íntimas de sus amantes para ponerse a tono.

Feromonas de marca

En cuanto a los olores que más excitan a ambos sexos, los fabricantes de perfume se llevarían una gran sorpresa porque el 48’4% se excita con el olor corporal sin perfumes, frente a un 45’8% que prefiere la mezcla del aroma natural mezclado con alguna fragancia sintética. Tal vez por eso, las grandes marcas de cosmética han cargado con feromonas artificiales algunos de sus mejores perfumes, tales como: Cocó Mademoisele de Chanel, Poison de Yves Saint Lauren o CK One de Calvin Klein que, al parecer, vuelven locos a los hombres que las olfatean.

Como dice la fisióloga Norma McCoy, de la Universidad de San Francisco, “la fórmula de feromonas sintéticas, aplicada de manera tópica, aumenta el atractivo femenino ante los hombres. La mujer que exuda estas sustancias es, aparentemente y en el plano carnal, mucho más atractiva y, por consiguiente, los varones están más dispuestos a tener relaciones con ella”. No es, de ningún modo, algo nuevo: los egipcios ya fabricaban perfumes afrodisíacos con sudor de hombres “vigorosos”.

Pero, por más que se esfuercen, las firmas de cosmética tienen la batalla perdida con la naturaleza. Porque, más que una ayuda, cremas, desodorantes, perfumes, geles y jabones son todo un obstáculo para el intercambio de información sexual olfativa.

La pituitaria humana, prefiere disfrutar del olor corporal sin trampa ni cartón, hasta el punto que, según la encuesta de Ebberfeld, el 23’1% de las personas se excitan con el olor de las axilas, el 21’3% con el aroma del pecho, el 16% con el aliento y el 31’9% con los efluvios del pene y el 43’4% con los de la vagina y el aroma post coito sólo le gusta a las mujeres, que en un 26% reconocen sentirse muy excitadas con la mezcla de aromas que caracteriza la consumación de un acto sexual. El 8’8% opta por otros olores corporales, entre los que destacarían por su éxito e intensidad, el de los pies. 


Publicado por jacintoluque @ 5:29
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