Lunes, 10 de septiembre de 2012

La Sociedad Española de Reumatología asegura que casi el 2,5% de la población española sufre de fibromialgia. La Organización Mundial de la Salud define esta dolencia como un "reumatismo no especializado", pero el sufrimiento de los enfermos - mujeres de mediana edad en su mayoría- va más allá: dolor generalizado, cansancio y depresión se dan la mano en una patología para la que no hay cura, sólo tratamientos que intentan aliviar el malestar. Debido a que las pruebas médicas no consiguen certificar el dolor que provoca esta enfermedad, resulta muy complicado obtener una baja laboral para quienes la padecen. Esta es su principal lucha; para conseguir la Invalidez Permanente los afectados deben de interponer una demanda en los Juzgados de lo Social y ganar el correspondiente juicio.

Dificil de diagnosticar

Desconocida hasta hace unos años, la fibromialgia tiene cada vez mayor presencia en las sociedades occidentales. El estudio EPISER-2000, a cargo de la Sociedad Española de Reumatología, estima que el 2,4% de la población estatal se ve afectada por esta dolencia, que por otra parte es en su mayoría femenina: se cuentan 22 mujeres afectadas por cada varón diagnosticado. La prevalencia de la enfermedad entre la población femenina es del 4,2%, frente al 0,2% de la masculina.

Todavía hoy la fibromialgia no se considera una enfermedad "al uso", porque carece de patrones lesionales. Sin embargo, esta patología definida por la Organización Mundial de la Salud como un "reumatismo no especializado", consiste en un dolor agudo generalizado que se extiende a lo largo del tiempo sin que se le pueda encontrar una explicación bien definida. Los rayos X, las analíticas, resonancias magnéticas, gammagrafías óseas, etc. arrojan resultados normales, y no hay ninguna prueba médica que pueda demostrar su existencia.

A esto hay que añadir el sueño que en todo momento sienten los enfermos, la ansiedad y otros síntomas psicológicos, entre los que destaca la depresión. De hecho, la fibromialgia afecta sobre todo al bienestar psíquico y las relaciones sociales del paciente, pues tiene problemas para identificar qué le ocurre. El tiempo medio que tarda en diagnosticarse la enfermedad, desde los primeros síntomas, oscila entre los 9 y los 13 años.

Los expertos aseguran la existencia de pruebas que evidencian que este síndrome se manifiesta en personas que han sufrido algún trauma físico, enfermedad o estrés emocional agudo. Se maneja la hipótesis de la predisposición genética o la del desequilibrio en el sistema inmune de los afectados. Sin embargo, los especialistas todavía están buscando las causas concretas que originan la enfermedad, desde áreas tanto físicas como psicológicas.

Síntomas

Estos son los síntomas que permiten identificar la enfermedad. Pueden presentarse de manera permanente u ocasional y no afectan a todos los enfermos por igual:

  • Entumecimiento y rigidez en los músculos, sobre todo al despertar o cuando hay cambios de clima.
  • Dolores de cabeza o de cara, detrás de los ojos y en cuello, hombros y mandíbula.
  • Migrañas, tensión. Dolor también en la zona en la que las costillas se unen con el esternón.
  • Cansancio generalizado y no justificado.
  • Trastornos digestivos: malestar estomacal, estreñimiento o diarrea. Vejiga irritada. Además, la medicación aumenta las posibles molestias gástricas.
  • Cosquilleo: sensación de hormigueo y frío en las extremidades, que puede estar acompañado de cambios de color.
  • Problemas de memoria, dificultad para concentrarse, confusión al hablar o al escribir, torpeza mental ocasional.
  • Desequilibrios o mareos.
  • Mayor sensibilidad. Pueden presentarse alergias a sustancias que antes no las provocaban, mucha sensibilidad al ambiente y a la luz, ruido y olores. Los cambios de temperatura se perciben con más intensidad, y el dolor aumenta perceptiblemente con la humedad.
  • Depresión o ansiedad. A pesar de que a muchos pacientes se les diagnostica depresión o desórdenes de ansiedad, estos son, a menudo, más que la causa, el resultado de los dolores crónicos y el desconfort que acarrea la fibromialgia.

Los enfermos encuentran bastantes dificultades para identificar la dolencia, ya que afecta a varios elementos de la salud y normalmente deben pasar por diferentes especialidades médicas antes de recibir un diagnóstico. Como no existe en la actualidad ningún análisis de laboratorio, examen radiológico u otro medio para diagnosticar esta enfermedad, se sigue un "diagnóstico de exclusión", basado en la eliminación de otras causas parecidas que responden a patologías distintas.

La definición oficial de Copenahgen fijó en 1992 lo que llamó "18 puntos sensibles" o "tender points" repartidos por todo el cuerpo. Si al presionar 11 de ellos el paciente siente dolor, significa que "estarán presentes en los cuatro cuadrantes del cuerpo y el dolor permanecerá al menos durante tres meses". Es entonces cuando el médico puede diagnosticar fibromialgia.

Tratamiento

Hasta hoy no existe cura para la fibromialgia y los tratamientos médicos procuran aminorar sus síntomas y mitigar el dolor de los pacientes. Hay varios frentes de acción que tienen que desarrollarse simultáneamente.

  • Tratamiento médico

    Los especialistas pueden recetar sustancias para aliviar los dolores y mejorar el sueño; medicación baja para aumentar los niveles de serotonina. Una sustancia química producida por el cerebro que controla el dolor y el sueño y cuyos niveles también se ven alterados en casos de bulimias y anorexias, así como en el caso de trastornos digestivos y alergias.

    Conviene alertar de que la fibromialgia se considera una enfermedad "de moda", y como tal puede dar lugar a la picaresca, engaños y tratamientos-milagro. Es importante que los pacientes se fien únicamente de los medicamentos y consejos de sus médicos, avalados por exámenes farmacológicos.

  • Terapia física

    Los especialistas recomiendan ejercicio leve: los estiramientos son fundamentales, aunque al principio resulten dolorosos. La actividad física no debería pasar de un par de horas a la semana, repartida en tres sesiones a media mañana, debido a que los enfermos se encuentran bastante mal al levantarse, y a última hora de la tarde tampoco podrían afrontarlas.

    Los ejercicios acuáticos resultan también muy recomendables en un entorno templado así como los baños termales, que por lo general reciben una buena aceptación por parte de los enfermos. El masaje y la fisioterapia no curan la fibromialgia, pero sirven para mejorar la calidad de vida de los afectados.

  • Tratamientos alternativos

    Aprender técnicas de relajación y seguir una dieta regular son fundamentales. Disciplinas como el yoga, el tai-chi, el manejo del estrés o la acupuntura están descubriéndose como inhibidores del dolor a tener muy en cuenta. Los enfermos solicitan a la Administración más ayudas económicas para estas terapias alternativas reductoras del dolor y una mayor sensibilización social frente a la enfermedad. "El apoyo emocional del entorno familiar y los amigos es determinante para aliviar los síntomas", según los expertos. El entorno debe ayudar al enfermo a efectuar los cambios necesarios en su estilo de vida.



Publicado por jacintoluque @ 19:42
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios