Viernes, 16 de noviembre de 2018

Resultado de imagen para te saludo y respondes, ni me preguntas. que puedo hacer?

educacion saludo

“¿Has entrado al corral?, decía mi madre cuando aparecía en una habitación donde ella se encontraba y no saludaba.

Tendría diez años de edad y con tan buen entrenamiento aprendí a saludar al entrar a un lugar y despedirme al salir.

Desafortunadamente, esa lección de básico comportamiento social aparece muy esporádicamente en el mundo laboral y social en el cual actualmente me desenvuelvo.

¿Por qué mucha gente no saluda? Bien podría ser el tema de una tesis de antropología.

Hace más de quince años, cuando trabajaba en el periódico Detroit Free Press, noté ese hecho que hasta ese entonces lo había atribuido a niños maleducados. Diariamente entraba a la sala de redacción y saludaba, pero mis compañeros parecían estar tan enfrascados en sus labores que no contestaban.

En esos momentos pensé que se trataba de un fenómeno local del estado de Michigan. Ingenuo, yo.

Un día, mi amiga Gabriela, una diseñadora mexicana con la que trabajaba, llegó feliz a la oficina. “Good morning”, dijo a quienes estaban presentes. Nada. “Good morning”, repitió esta vez con voz un poco más alta. Nada, ni siquiera un suspiro. “GOOD MORNING!”, gritó ofuscada. Recién ahí se levantaron algunas cabezas y contestaron tímidamente mientras ella refunfuñaba camino a su escritorio.

Estoy seguro que ellos pensaron que se habría levantado con el pie izquierdo.

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“¿Qué les pasa que no contestan el saludo?”, me preguntó. “No lo sé”, contesté. “Los habrán criado en un corral”, añadí.

También comencé a observar que mucha gente al irse tampoco se despedía. Cual resbaladizos moluscos marinos se escabullían entre las sombras y desaparecían como Endora en Hechizada. Lo estaba notando tanto en el trabajo como en reuniones sociales. ¿A qué se debe este fenómeno?
¿Es que la Generación X dejó de tener acceso a lecciones de urbanidad?

Sin embargo, también debo decir que he sido testigo de gente muy educada que da cuenta de “tradicionales” maneras de comportamiento. Generalmente se trata de personas mayores, el segmento de mayor edad de los “baby boomers”.

Este verano tomé una clase en la universidad donde trabajo y las sesiones eran dos veces por semana. Cuando entraba al salón y veía a mis compañeros (nacidos en la década de los 90) saludaba con un simple “hola” o “buenas tardes”. Pero sólo el profesor contestaba. Los demás parecían haber sufrido una lobotomía o perdido la audición. Continuaban viendo sus monitores o sus mensajes de texto, o simplemente perdidos en el universo.

¿Qué está pasando? ¿Es que a las nuevas generaciones las criaron las vacas? ¿Es que saludar ya pasó de moda?

Pero el problema va más allá.

No sólo se trata de la Generación del Milenio. Algunos compañeros de trabajo, ya entrados en sus cuarentas entran a un lugar sin saludar y se van sin despedirse, sin mostrar ninguna actitud o hacer ningún aspaviento. Al principio pensé que estarían distraídos o preocupados pero con la constante repetición me di cuenta que era algo común y corriente.

Entonces, ¿cuándo se perdió el manual de urbanidad o quién lo tiró por la ventana?

Conversando con un amigo “cien por ciento” estadounidense, cuya familia ha estado en esta parte del continente por más de 200 años, me cuenta que en las más recientes generaciones de gringos ha disminuido la tendencia a ser sociable, por lo tanto a tener menor propensión a seguir las normas de educación que la generación anterior. La competitividad tiene que ver con eso. El objetivo del triunfo personal, la independencia, el egocentrismo inculcado han promovido una vida más centrada en el individuo que en el grupo.

El afirma que todo esto cambió después de la segunda guerra mundial, donde miles de mujeres salieron a trabajar por lo que las diferencias de clase comenzaron a borrarse. Del mismo modo, “las buenas maneras” inculcadas en las clases más altas desaparecían, al haber más gente que trabajaba para sobrevivir.

Yo tengo claro que mucha de la gente con la que me he encontrado que presenta este tipo de comportamiento, más informal y menos “educado”, no lo hace al propósito. No han tenido a unos padres o maestros en la escuela insistir en practicar las básicas maneras de urbanidad.

A pesar de saber esto y de vivirlo a diario, debo confesar que aún me incomoda encontrarme con gente que interrumpe una conversación sin disculparse, que no saluda, pone los pies sobre la mesa, se estira como un gato que recién se despertó o bosteza en tu cara sin taparse la boca. Lo único que pienso para difuminar mi incomodidad es pensar en mi madre y oír en mi cabeza: “Deben haber sido criados en un corral”.


Publicado por jacintoluque @ 10:12
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