Domingo, 27 de junio de 2021

Prepárate a oír algo que nada tiene que ver con lo que han escrito tres de los cuatro evangelistas y, muchísimo menos, con la posterior interpretación de las Iglesias… —¿Es que no hubo institución de la Eucaristía? Me negué a responder. Pulsé de nuevo la grabación, invitándole a que prestara toda su atención. Jesús bendijo la copa—, su voz llenó de nuevo el silencio de Masada: «—Tomad esta copa y bebed todos de ella… Esta será la copa de mi recuerdo. Esta es la copa de la bendición de un nuevo designio divino de gracia y verdad. Este será el emblema de la otorgación y del ministerio del divino Espíritu de la Verdad.» De la solemnidad, el rabí pasó a la tristeza. «—… Ya no beberé con vosotros hasta que no lo haga en una nueva forma, en el reino eterno de mi Padre.» Los apóstoles parecían sobrecogidos. Una vez que hubieron bebido, la copa de cristal fue depositada sobre la mesa. Como si los discípulos distribuyeran los trozos entre ellos. «—Tomad este pan y comedlo —les anunció el Maestro—. Os he manifestado que soy el pan de la vida, que es la vida unificada del Padre y del Hijo en un solo don. La palabra del Padre, tal como fue revelada por el Hijo, es realmente el pan de la vida.» Cuando hubieron comido se reclinaron sobre los divanes, haciéndose de nuevo el silencio. Parecía como si el Galileo —no sé si sus hombres también— hubiera entrado en una profunda reflexión. A punto estuve de intervenir. Ardía en deseos de comentar aquellas últimas frases sobre el vino y el pan, tan distintas a las que figuran en los escritos de Mateo, Marcos y Lucas. Pero, con buen criterio supongo, lo dejé para el final de la grabación. Al fin, Jesús rompió su mutismo: «—Cuando hagáis estas cosas, recordad la vida que he vivido en la Tierra y regocijaos porque continuaré viviendo con vosotros. No luchéis para averiguar quién es el más grande entre vosotros. Sed como hermanos. Y cuando el reino crezca hasta alcanzar numerosos grupos de creyentes, no luchéis tampoco por esa grandeza o por buscar el ascenso entre tales grupos. Y tan a menudo como hagáis esto, hacedlo en memoria mía. Y cuando me recordéis, primero mirad atrás: a mi vida en la carne. Y recordad que una vez estuve con vosotros. Entonces, por la fe, percibid que todos cenaréis alguna vez, conmigo, en el reino eterno del Padre. Esta es la nueva Pascua que os dejo: la palabra de la eterna verdad, mi amor por vosotros y el derramamiento del Espíritu sobre la carne…» A una señal del Maestro, los once se levantaron y entonaron el Salmo 118.... Sabias que fueron 6 discípulos que eligieron seguir a Jesús de Nazaret? ¿Y los otros seis? …. Hacia las 22.30 horas de aquel jueves, 6 de abril del año 30, los pasos y los murmullos de los doce se perdían hacia el piso inferior de la casa de Elías Marcos. La «última cena» había concluido.


Publicado por jacintoluque @ 20:28
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